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Una estrella entre las mujeres escorts

Hay muchas mujeres escorts estelares. Y a través de las Redes sociales y las plataformas especializadas tienen más visibilidad que nunca.

Particularmente, hay una Red bastante nueva que abrió otras formas de monetizar el trabajo (presencial o virtual) de las escorts y “cam girls”. Se trata de la muy nombrada “Only Fans”. Nos referiremos a ella más extensamente en otro artículo, porque su existencia y los usos que se le dan tienen implicancias que son muchas y complejas.

Hoy hablaremos de una estrella de esa red y de las trabajadoras del sexo: la modelo norteamericana Victoria Lit.

Parafraseando a Madonna: ¿Who’s that girl?

Victoria tiene 25 años, exuda seducción por todos los poros, y afirma que Only Fans le cambió la vida. Y puede decirse que su fama es un producto paradigmático de esa red. Y por qué no de otras como Tik Tok, en la que también es una estrella. En algún momento, dudaba entre ser actriz porno o instructora de Pilates. Pero ya no. Hoy, sus ingresos por el “sexting” que practica están estimados en unos 20.000 dólares al mes. Y creciendo.

A cambio de buen dinero, ella cumple fantasías masculinas a distancia. Aunque reconoce haber tenido encuentros personales con clientes que le hicieron ofertas imposibles de rechazar, su fuerte es el sexo virtual.

Bien dicen que lo importante de las tareas rentadas “independientes” (como las de escorts) es tener un “diferencial”. Y vaya si Victoria Lit lo encontró. Cimentó su fama y sus jugosos ingresos no solo en su belleza, su actitud y su pericia ante la cámara. Hace algo único.

Mujeres escorts estelares hay muchas. Así de honestas, solo ella

Ha dicho: “Mis interacciones favoritas son cuando tengo que calificar sus penes. Creo que es muy divertido y a los hombres les gusta la honestidad. Algunos me piden que diga que su pene es demasiado pequeño, o que no cabría dentro de mí. Dominarlos y humillarlos es mi placer culposo”. Ahí está el “diferencial”. A pedido del público, emite juicios sobre el miembro viril de sus usuarios. Y siempre según su leal saber y entender. Nunca miente. Dice que eso la ayuda a liberar mucho estrés.

Pero también sabe seducirlos y halagarlos; aprecia cuando recibe dinero de sus fans: “Significa que puedo comprar más ropa linda y vestirme mejor para ellos. Cuando les digo ‘compré esto con el dinero que enviaste’, se emocionan, se sienten especiales. Y envían más”.

Sus queridos clientes, o “Sugar daddies”, le envían regalos caros a cambio de que cumpla ciertos pedidos sexuales. Y que les realice fantasías. Algunos se han enamorado de ella abiertamente.

Esas “fantasías”, en su caso, pueden ser bien peculiares. Uno de sus “fans” le ofreció 6.000 dólares a cambio de un poco de su saliva. Y otro le envió costosísima ropa de fitness, pidiéndole que la transpire bien en el gimnasio, y se la manda de vuelta. Pero bueno; no es para sorprenderse tanto, porque hablamos de una chica que mide y califica penes.

“Mi vida ha cambiado completamente con las redes sociales para adultos, y estoy en mi mejor momento”, afirma.

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UNA CÍNICA REINA DE LAS MUJERES ESCORTS

Fue una verdadera leyenda en el “Jet set” de las décadas del 60 y 70, proveyendo de las más sofisticadas mujeres escort a las mayores celebridades internacionales. No en vano su historia ha sido ya biografiada y puesta en la pantalla dos veces.

“Yo vendo fantasías”; “Hay dos cosas que funcionan en la vida, la comida y el sexo; y nunca estuve dotada para la cocina”. “Veo a las mujeres como agujeros, y a los hombres como billeteras”. Son algunas de las frases que se le atribuyen, y muestran el temperamento frío y cínico por el que era conocida y temida.

Su verdadero nombre era Fernande Grudet. Estaba convencida de que el sexo era una mina de oro. En dos décadas, entre 1955 y 1976, reclutó a unas 500 prostitutas, para los hombres más ricos, poderosos y famosos. Según muchas celebridades, un viaje a París no se concebía sin visitar a “Madame Claude” (ese era el “nombre de guerra” que eligió) y sus chicas.

La Torre Eiffel, el arco del triunfo y las sofisticadas mujeres escort de Madame Claude

Frank Sinatra, Pablo Picasso, John F. Kennedy, Muamar Gadafi, Marlon Brando, el mega empresario (dueño de Fiat y Ferrari) y aristócrata Gianni Agnelli estaban entre sus clientes.

Tal vez eso fuera la clave de su permanencia de 20 años en el negocio: los secretos de alcoba que guardaba de famosos y poderosos. Incluso, tuvo clientes “ultra VIP”. Como el Sha de Irán, que cada semana enviaba a París su avión privado para recoger escorts que volvían totalmente enjoyadas.

Tal fue su importancia, que la CIA contrató su agencia para que sus miembros estuvieran contentos durante la negociación de los acuerdos de paz de París que terminaron con la guerra de Vietnam.

Sylvie Verheyde es la directora de la película biográfica sobre Madame Claude, estrenada en Netflix. Nos explica que “Madame Claude” intentó reflejar las luces y sombras de la proxeneta, que era “mitad heroína, mitad monstruo”.

Se inventó un pasado de alta burguesía, y de lucha en la resistencia contra los Nazis, con un padre muy influyente en la industria. Pero no hubo nada de eso. Nació en 1923, en una familia humilde de Angers, localidad de la región del Loira. Su padre, de origen judío, tenía un puesto callejero de comida y café lindero a la estación de trenes.

Una verdadera “fabricante” de escorts super VIP

“Entendí de joven que los hombres nos tratan como putas. Decidí entonces volverme la reina de las putas; convertir nuestros cuerpos en un arma y una armadura. No ser víctimas nunca más”. Con esas palabras, que la directora le atribuye, comienza “Madame Claude”. Es la nueva película sobre la vida de esta proxeneta, que tenía una especial afición por modelos y actrices cuyas carreras fracasaron. Entre ellas reclutaba a sus trabajadoras.

Debían ser lo más altas posibles, de rasgos armónicos (de lo contrario, les pagaba cirugías plásticas). Les enseñaba los modales necesarios para desempeñarse al más alto nivel. Por ejemplo, en banquetes de lujo, cuyos manjares les hacía apreciar. Y les compraba joyas, accesorios y ropa de las mejores marcas mundiales. No escatimaba nada.

Llegó a ganar más de un millón de dólares limpios al año. Pero cayó en desgracia. Su imperio se desintegró durante el Gobierno del presidente Valéry Giscard d’Estaing, cuando fue acusada y condenada por fraude tributario.

Huyó a Estados Unidos, donde continuó con su oficio, consiguiendo mujeres para Frank Sinatra y Sammy Davis Jr.

En 1986 regresó a su país para cumplir una pena de cuatro meses de cárcel. Al salir intentó reconstruir su imperio, pero su edad dorada había terminado. En 1991 fue sentenciada por proxenetismo agravado y volvió a estar seis meses tras las rejas.

Vivió sus últimos años en un asilo, y en la ruina económica. Murió sola en un hospital de Niza en 2015, a los 92 años.